la vista
(parte dos)

EDUARDO UGALDE

ARTICULOS - ARTICLES

ARTICLES-ARTICULOS HOME

HEALTH

HIV POLICY - ENGLISH

HIV POLICY - ESPANOL

A TU SALUD

MARCIO COCHELLA - ESPANOL

MARCIO COCHELLA - ENGLISH

LITERATURE

POEMS

ENSUENOS

REVIEWS

POLITICS

CONRADO TERRAZAS - ENGLISH

CONTRADO TERRAZAS - ESPANOL

INMIGRACION

IMMIGRATION

NUESTRA VISION

POLITICS

ENTERTAINMENT

AL BALLESTEROS

ALBERTO OROZCO

GIPSY

MUSIC

SAMARA IN THE CITY

TRAVEL

TRAVEL

LIFESTYLE

CARLOS MANUEL - ENGLISH

CARLOS MANUEL - ESPANOL

OSCAR RECONCO

ENERGY READING

GABRIEL ARANDA

PLUMAS ROSAS

COCINITA DE CHICHI

GUEST CONTRIBUTOR

ADELANTE STAFF ARTICLE

Previas Ediciones
Past Editions

Las manos de Efrén temblaban por la emoción al leer la carta de su primo César. Tan ensimismado estaba en los recuerdos de aquellos días que pasó junto a él, que todavía no daba crédito a la noticia de que éste vendría a visitarlo.
Las dudas lo asaltaron. No sabía cómo iba a reaccionar al encontrarse otra vez con aquel ser con el que compartió tantas aventuras, pero que le causó mucho daño al alejarse repentinamente sin decir un adiós.

Sin embargo se daba cuenta de que la atracción que había sentido hacia César podría despertar otra vez con esa visita. Hubiese preferido inventar cualquier pretexto para no verlo, pero su corazón todavía albergaba la tibieza de ese idílico amor que nunca se dio y que tal vez no se daría jamás.

Pasaron los días hasta que llegó la ansiada fecha. Efrén sintió que le temblaban las piernas al leer en el monitor del aeropuerto que el vuelo había arribado.
Poco a poco fueron saliendo los pasajeros, mientras Efrén se moría de ansias por ver a su primo surgir por esa puerta.

Entonces lo vio, y la sala de espera pareció iluminarse con su presencia. A pesar de los años transcurridos no había perdido ese porte tan característico al caminar. Su cuerpo había embarnecido pero para bien. A través de la fina tela de su camisa se delineaban sus bien desarrollados pectorales, y un abdomen plano. Los brazos se notaban mucho más abultados y las piernas parecían tener más definición.

Su rostro se notaba más varonil, con una barba que comenzaba a salir y mostraba una sombra que profundizaba la estructura ósea de la mandíbula. Lo que tampoco había cambiado era su sonrisa con un aire de picardía y a la vez de ingenuidad.

En cuanto lo vio Efrén supo que tendría problemas: sus sentimientos hacia él no habían cambiado y sabía que esa iba a ser una tentación difícil de vencer.

Haciendo uso de valor, se abrió paso entre la gente para recibir a su primo, que en cuanto lo descubrió corrió hacia él con los brazos abiertos sin reprimir toda esa efusividad que los envolvió cuando por fin sus cuerpos hicieron contacto.

Un calor extraño se apoderó de Efrén cuando sintió que los labios de César se posaron en su mejilla, al tiempo que se vio envuelto en un par de fuertes brazos que lo apretujaron con ímpetu. Más sorprendido quedó cuando César se negó a soltarlo y así abrazados caminaron hacia el estacionamiento de la terminal aérea.

De pronto Efrén se sintió insignificante ante la avasalladora presencia de su primo, pero siguió caminando al lado de él como si nada.

El camino al apartamento fue un martirio para Efrén, porque César parecía no darse cuenta de la turbación que le provocaba al colocar su mano en diferentes ocasiones sobre la pierna de Efrén, apretando un poco más de lo que a su juicio sería normal. ¿Cómo podría hacer reclamo a esa tortura?

Finalmente llegaron al apartamento; a César le pareció acogedor. En seguida tomó confianza y se sentó en el sillón de la sala, invitando a su primo a sentarse junto a él. Reanudaron entonces la plática sobre las cosas que habían sucedido todos estos años.

Efrén le ofreció una cerveza, y a esa siguieron otras más. Entonces César dijo que le gustaría ponerse más cómodo, y sin esperar respuesta comenzó a quitarse la ropa hasta quedar sólo en bóxers, y le sugirió a su primo que hiciera lo mismo.

Para Efrén la situación era más difícil, pues ese día traía puestos unos bóxers tan ceñidos a su cuerpo que evidenciaban la excitación que César le provocaba. Pero se armó de valor, se quitó la ropa, y se sentó enseguida junto a su primo. La plática continuó pero Efrén parecía no escuchar del todo, pues dada la cercanía de su primo las piernas de éste rozaban continuamente las de él, y César lo abrazaba con insistencia diciéndole cuánto lo había echado de menos.

Un bostezo de César interrumpió la plática, y Efrén le propuso que se fueran a descansar. Le dijo que la cama estaba lista en el cuarto de visitas. Sin embargo César le pidió que lo invitara esa noche a dormir con él, para continuar con la charla, porque tenía algo importante que decirle.

Se fueron entonces al cuarto y Efrén se recostó sobre la cama, pero como si fuera algo natural César se acostó atravesado a modo de que su cabeza quedó recargada sobre el abdomen de Efrén, haciendo que para éste fuera prácticamente imposible ocultar la rigidez de su miembro que comenzaba a empujar la tela de su calzoncillo, cosa que pareció pasar desapercibida para el otro. Para colmo, la plática comenzó a tomar un aire de peligrosidad porque César abordó el tema de aquella tarde en el hotel en su doble cita con las muchachas. Efrén hubiese preferido evitar esa plática, porque aún se sentía como el único culpable del alejamiento de su primo; sin embargo César siguió hablando haciendo caso omiso a las evasivas de Efrén.

Continuó dando detalle de lo que había pasado, como si Efrén no hubiese estado allí, pero de pronto le dijo algo que lo dejó anonadado.

Con la voz entrecortada le dijo que él se había dado cuenta aquella tarde de cómo Efrén lo observaba con detenimiento mientras tenían sexo con sus correspondientes parejas, pero ante él se abrió de pronto una verdad: al ver la cara de satisfacción de Efrén y la mirada que encontró a la suya se imaginó que era a Efrén al que le hubiese gustado poseer en ese momento, pero cuando la efusividad pasó, César optó por alejarse por el temor de que su primo descubriera lo que en él se había despertado y éste se negó a aceptar.

Había dejado pasar todo ese tiempo para ver si el sentimiento se desvanecía, pero todo fue en vano, porque siempre pensó en su primo. Y esta vez era él quien le pedía una oportunidad.

Efrén no podía dar crédito a lo que oía, ahora resultaba que su primo había compartido el mismo sentimiento hacia él y ninguno de los dos había tenido el valor de confesarlo; y menos pudo creer cuando César acercó su rostro al de él y lo besó en los labios, encontrando obviamente una respuesta inmediata. Se entregaron uno en brazos del otro y de los besos pasaron a las mordidas, mientras las manos de ambos comenzaron a explorar territorios antes desconocidos.

El cuerpo de Efrén vibraba de pasión, y le pidió a su primo que se parara sobre la cama mientras él, hincado, le demostraba la adoración que sentía. Los labios de Efrén hicieron contacto con esa columna tiesa de la que surgían unas gotas semidulces que invadieron su paladar, mientras su primo le rogaba que se la introdujera toda.

Al cabo de unos minutos, cambiaron de posición para que César hiciera recíproca la caricia, encerrándose los dos en un mundo de deseos finalmente compartidos.

No hubo necesidad de palabras cuando César tomó las piernas de Efrén y las elevó hasta sus hombros. Efrén pidió una tregua para sacar un condón y colocárselo hábilmente a su primo. Bastaron sólo unos segundos para reanudar la invasión. Esta vez con confianza César fue invadiendo poco a poco ese túnel candente que lo acogió con ansia; sólo hicieron una breve pausa para que Efrén se adaptara a la invasión, y atacó con furia desbordando todo ese deseo que lo mantuvo inquieto soñando con este momento. En el rostro de Efrén se denotaba la alegría de haber alcanzado lo que antes le pareció imposible, y una lágrima brotó furtiva por entre sus ojos cerrados, mientras César con un beso la secaba al tiempo que sus cuerpos aprisionaban el miembro húmedo de Efrén que comenzó a disparar su carga bañándolos con una lluvia intermitente. Al ver ese rostro invadido por el éxtasis, a César le vino a la mente el rostro de aquella tarde, y fue entonces cuando perdió control de sí mismo y sintió como su cuerpo se estremecía ante el arribo de un potente orgasmo que lo hizo gemir de pasión mientras los cuerpos eran arrastrados por la furia intensa del deseo. Ante tan arrolladora sensación, mientras sus cuerpos se convulsionaban, se fundieron en un abrazo sabiendo que ya no habría nada que los pudiera separar. Tomaron un descanso y al poco rato ya estaban otra vez gozando de las delicias del sexo sin inhibiciones, como queriendo recuperar todo ese tiempo perdido.

 

| INICIO | ARTICULOS | CHULO DEL MES | EVENTOS | HOROSCOPO | ACERCA DE NOSOTROS | CONTACTENOS | MEMBRECIAS |
| ENLACES | A DONDE IR | SUSCRIBETE A ADELANTE | CUARTO DE CHARLAS |TIENDA | ARTE Y MODA | FOTOS | DIVERSION |

| HOME | ARTICLES | HUNK OF THE MONTH | EVENTS | HOROSCOPE | ABOUT US | CONTACT US | MEMBERS |
| LINKS | WHERE TO GO | SUBSCRIBE TO ADELANTE | CHAT ROOM | MARKETPLACE | ART AND FASHION | PHOTOS | FUN STUFF |