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Son las 6 de la
tarde cuando Fausto llega presuroso y cansado de una larga jornada. Ha
sido un día difícil en el trabajo: confrontaciones con el jefe directo por
discrepancias de opiniones en proyectos complejos. Ha salido victorioso de
tales peleas porque ha sabido comunicarse y expresar lo mejor para los
clientes. Él sabe vender y sabe cuidar el negocio, pero aún así el estrés
ha sido demasiado en éste miércoles.
Tiene media hora para relajarse, lo hace con un regaderazo que lo hace
descubrir lo tenso de sus músculos en el cuello, lo relaja la fragancia de
un nuevo shampoo que ha comprado en su última visita al supermercado. Se
aplica una crema en su rostro para afeitarse lo mejor posible y quedar con
la piel suave hasta donde sea posible. Se aplica su loción pero antes mira
su reloj que marca ya las 6:27 de la tarde.
Saúl se dirige a toda velocidad esquivando el tráfico, hoy como todos los
miércoles sabe que tiene una cita con Fausto y no desea llegar tarde
porque los minutos son demasiado cortos a su lado como para todavía quitar
algunos a causa de un retardo. Él es casado y tiene que regresar a su casa
antes de las 9 de la noche para evitar algún enojo o reclamo de su linda
esposa quien como cada semana piensa que está jugando cartas con sus
amigos.
Es interesante descubrir como ellos dos se conocieron tiempo atrás por
mera coincidencia, la cual es difícil creer que sea como parte de la
casualidad. Ambos asistían al mismo gimnasio, practicaban algo de cardio,
pero su encuentro se dio en el área de pesas. Fausto quería tonificar su
cuerpo mientras que Saúl solo esperaba perder más grasa a cambio de más
musculatura. Su amistad se dio de un modo tan espontáneo y sencillo como
si ambos se conocieran de tiempo atrás y solamente fuera un reencuentro de
viejos amigos.
La hora de la verdad llegaba en las regaderas, cuando ambos estaban como
sincronizados en el tiempo para ir a las duchas precisamente en el mismo
momento, las miradas que cada uno lanzaba sobre el cuerpo desnudo del otro
expresaba más de lo que las palabras de un diccionario completo pudieran
expresar. Al principio cada uno negaba los sentimientos que despertaban
dichas miradas, pero después eran como aceptadas por complicidad sin
atreverse aún a rebasar el campo de las miradas.
Y sucedió como todas esas cosas suceden que más parecen causales que obras
de la casualidad pues Fausto estaba fuera del gimnasio como esperando que
alguien llegara por él, dicha situación fue aprovechada por Saúl quien
estacionando su carro frente a él se ofreció a llevarlo a su departamento,
y en cuestión de media hora después sin decirse una sola palabra ambos
estaban desnudos sobre la cama de la habitación de Fausto dando rienda
suelta a tanto deseo guardado de tiempo atrás.
Al final de su primer encuentro no hubo discursos, ni conversación,
solamente un acuerdo: se verían cada miércoles a las 6:30 en el
departamento de Saúl, hicieron un pacto de no investigar más el uno del
otro, de no hacerse mayores preguntas, no habría diálogos entre ellos,
esas citas futuras estaban destinadas exclusivamente al sexo entre ambos,
era lo mejor para los dos, y así llevan cerca de 5 meses siendo unos
completos desconocidos de sus respectivas vidas pero bastante conocedores
de las sensaciones que puede llegar a experimentar el cuerpo tan deseado
del otro.
Saúl ha llegado a las 6:37 lo recibe Fausto en la puerta vestido solamente
con un boxer en color blanco que da forma a la parte de la anatomía que
más le gusta a su visita quien en un par de segundo logra despojarse de su
ropa sin esperar siquiera a que termine de cerrar la puerta. Ambos tienen
el aroma que tanto les encanta al otro: Saúl el olor que desprende un
cuerpo después de la tensión por librar el tráfico de autos mezclado con
su loción a madera, mientras que Fausto desprende un aroma de profunda
limpieza mezclado con un suave olor dulce, pero al fin y al cabo ambos
desprendiendo el aroma del deseo.
garanda@adelantemagazine.com |