la celebracion
del grito

EDUARDO UGALDE

ARTICULOS - ARTICLES

ARTICLES-ARTICULOS HOME

HEALTH

HIV POLICY - ENGLISH

HIV POLICY - ESPANOL

A TU SALUD

MARCIO COCHELLA - ESPANOL

MARCIO COCHELLA - ENGLISH

LITERATURE

POEMS

ENSUENOS

REVIEWS

POLITICS

CONRADO TERRAZAS - ENGLISH

CONTRADO TERRAZAS - ESPANOL

INMIGRACION

IMMIGRATION

NUESTRA VISION

POLITICS

ENTERTAINMENT

AL BALLESTEROS

ALBERTO OROZCO

GIPSY

MUSIC

SAMARA IN THE CITY

TRAVEL

TRAVEL

LIFESTYLE

CARLOS MANUEL - ENGLISH

CARLOS MANUEL - ESPANOL

OSCAR RECONCO

ENERGY READING

GABRIEL ARANDA

PLUMAS ROSAS

COCINITA DE CHICHI

GUEST CONTRIBUTOR

ADELANTE STAFF ARTICLE

Previas Ediciones
Past Editions

El zócalo lucía en todo su esplendor. Miles de banderas adornaban las calles; las luces multicolores en las paredes de los edificios formaban los rostros de los Héroes de la Independencia. Una vez más, como de costumbre, acudí con un grupo de amigos a celebrar la noche del “Grito”.

Siempre éramos el mismo grupo; pero en esta ocasión uno de los muchachos había llevado a su primo Lorenzo, que por primera vez visitaba la gran ciudad.

Desde que nos presentaron esa tarde no podía quitarle los ojos de encima. Lorenzo tenía algo especial que llamó mucho mi atención.

Llevaba unos jeans que aunque eran de corte flojo, a él le quedaban como si se los hubieran cosido a su cuerpo. Me enteré que jugaba fútbol y eso era la causa del buen desarrollo de sus piernas. A través de la tela de su pantalón se definían muy bien sus pantorrillas, sus piernas, y, lo mejor de todo, un trasero que parecía decir “tómame”. El frente ni se diga, la cremallera del pantalón parecía sucumbir ante la presión de su paquete. En la hebilla del cinturón llevaba grabada la imagen de una pistola de grueso calibre, como aludiendo a lo que había por debajo de ésta.

Llevaba una camisa a cuadros abotonada solamente por la cintura, resaltando la virilidad de su pecho que aunque carecía de vellos, la masculinidad le brotaba por cualquier lado que se le mirara.

Su rostro parecía sacado de la portada de un libro de romance, con facciones tan perfectas como si hubieran sido esculpidas con un cincel. Las cejas pobladas y su bigote bien cuidado era lo que más resaltaban de sus rasgos latinos.

Hasta a mis amigos, que se consideraban heterosexuales, parecía haberles impactado el porte de macho de Lorenzo. En más de una ocasión noté cómo lo estudiaban de arriba abajo con la mirada.
Tuve que hacer un esfuerzo grande para que no se notara la turbación que me causaba. Le di la espalda y me dediqué entonces a disfrutar del show de música vernácula que allí se presentaba.

Conforme pasaban las horas y se acercaba el momento de dar el “grito de Independencia” la gente se fue arremolinando alrededor de nosotros, y el espacio que antes nos separaba se fue haciendo casi imperceptible.

Pronto sentí a mis espaldas la presión de otro cuerpo que parecía buscar lugar para acomodarse. Al principio no le di importancia pero comencé a sentir presión sobre mi trasero y quise voltear pero me fue imposible, así que sólo alcancé a girar la cabeza para ver qué estaba pasando. Sin embargo mi oreja rozó con algo caliente y húmedo y supe entonces que ese alguien estaba más cerca de lo que suponía. Su aliento comenzó a quemarme el cuello, y a mi oído llegó la voz profunda de Lorenzo que me decía:

“Espero que no te moleste mi cercanía, pero qué puedo hacer, la gente me empuja”

Solamente alcancé a decirle que no se preocupara pero la sonrisa en mi rostro me delató, era obvio que para nada me molestaba; al contrario, pegué mi espalda a su pecho y pude sentir los latidos de su corazón.

De reojo busqué a mis amigos y descubrí que la gente los había empujado algunos metros delante de nosotros, cosa que me dio ventaja para disfrutar la cercanía de Lorenzo.

De todas formas decidí actuar con cautela, su aspecto macho lo hacía parecer peligroso en una situación como esta. No podía mostrar mi juego por temor a recibir un trancazo si es que estaba malinterpretando las cosas; entonces dejé que la multitud lo forzara a continuar pegado a mi cuerpo.

Permanecí inmóvil disfrutando su cercanía, pero seguía sintiendo su cálido aliento sobre mi cuello. Giré una vez más la cabeza y sus labios pegaron momentáneamente por detrás de mi oreja. Sentí entonces que se pegaba más hasta que fue imposible dejar de notar algo duro que parecía quererse abrir paso por mi trasero. Toda duda se disipó cuando sus manos se posaron a cada lado de mi cintura y me atrajo hacia él restregando impúdicamente su cuerpo al mío.

Para reforzar su triunfo me dijo al oído:

“Cabrón. ¿Te das cuenta de lo que estás provocando?”

Y yo todavía actué ingenuamente y le dije:

“¿Provocando qué? ¿De qué hablas?

Con voz entrecortada pero ronca, como queriéndose dar valor me dijo:

“No te hagas güey, a poco no te das cuenta de la calentura que me provocas. ¿Acaso no sientes lo mismo que yo? Me encabrona que no te des cuenta que me tienes con una erección marca diablo. ¿Por qué mejor no nos vamos a tener nuestra propia celebración?”

Sin más preámbulos me tomó por la cintura, me volteó y me pidió que lo siguiera. En los breves segundos que mi rostro estuvo frente al suyo me lanzó un beso furtivo. Comenzó entonces a abrirse paso por entre la gente. Me llevaba tomado de la mano y aprovechaba toda oportunidad para rozar mi entrepierna con la otra mano. El aliento se me fue cuando sentí cómo apretaba con fuerza la estaca ardiente que palpitaba entre mis piernas. La aglomeración era tal que nadie podía percatarse de lo que por allá abajo sucedía; y Lorenzo aprovechó toda oportunidad para hacerme saber lo mucho que deseaba estar conmigo.

Parecíamos un par de chamacos gozando de sus travesuras. Entonces me colocó enfrente mientras seguíamos abriéndonos camino; y con él a mis espaldas fuimos avanzando mientras sus manos se perdían por debajo de mi camisa hasta llegar al frente de mi pantalón y con gran maestría usó una mano para jalar el cinturón hacia delante y la otra se introdujo hasta tocar mi miembro erecto que para entonces comenzaba a derramar líquido pre-seminal. Como si hubiese recibido una descarga eléctrica jalé mi cuerpo hasta librarme de su impúdica caricia; los colores se me subieron al rostro y voltee a verlo en señal desaprobatoria mientras notaba como él llevaba los dedos hasta su boca y paladeaba el elixir fálico obtenido con su osadía. El instinto animal de Lorenzo se hacía latente pero le pedí cordura mientras encontrábamos un lugar a donde pudiéramos dar rienda suelta a nuestra fogosidad desbordante.

Al final de la calle un letrero de luz neón daba respuesta a nuestras necesidades. El hotelucho carecía del lujo y vistosidad de los hoteles del centro, el edificio había visto pasar mejores tiempos; las paredes descarapeladas por aquí y por allá mostraban capa sobre capa de pintura, y el olor a madera vieja evocaba esos años de prosperidad que alguna vez lo acogieron. La encargada apenas sí levantó la vista para entregarnos la llave, y con señal de desgano nos indicó el camino a nuestra habitación. Ni siquiera se inmutó cuando le pregunté si vendían condones. En seguida sacó un paquete y lo pasó por debajo del vidrio; era obvio que estaba acostumbrada a ese tipo de peticiones.

Una carcajada brotó de la garganta de Lorenzo cuando nos dimos cuenta que la puerta ya no tenía la chapa, la llave era como una indicación del número de cuarto. Por dentro la puerta se atoraba con un cerrojo. A pesar de la carencia de lujo, la habitación se notaba limpia, lo desvencijado de la cama contrastaba con lo blanco de las sábanas que la cubrían. La arquitectura del lugar parecía añadir romanticismo a nuestro encuentro. Me acerqué a la enorme puerta que daba hacia el balcón de la calle y contemplé por un instante el cielo cubierto de estrellas que resaltaba con el fulgor de la luna llena. Lorenzo se colocó tras de mí y comenzó a besarme el cuello; primero lentamente y después con una pasión que ya se veía venir desde que estábamos en la plaza. Sus dientes se clavaron en mi carne mientras escuchaba su respiración agitada y sus gemidos animales que enervaban mis sentidos y mi cuerpo se pegaba al de él.

Sentí cómo sus manos desabrochaban la hebilla del cinturón y en segundos me vi desnudo de la cintura para abajo. Mientras me desabrochaba la camisa, él se fue despojando de sus ropas, y en seguida lo noté detrás de mí. Sus labios se adhirieron una vez más a mi cuello para ir descendiendo en círculos por la espalda. Me empujó contra el marco de la ventana al tiempo que separaba mis piernas. Enseguida sentí cómo su lengua se iba introduciendo por entre mis nalgas hasta llegar a ese punto ardiente que se contrajo ante la caricia. Pegué mi rostro al vidrio de la ventana mientras los gemidos que surgían de mi garganta lo alentaban a continuar con su escrutinio.

Su rostro se fue abriendo paso entre mis piernas y sentí como su lengua acariciaba el área por detrás de mis testículos. Siguió avanzando hasta alcanzar la base de mi columna que palpitaba amenazando con explotar.

Con gran maestría logró colocarse sentado frente a mí y se introdujo en la boca cada pulgada de carne viva. Mientras su lengua se incrustaba entre el tronco y la cabeza de mi miembro, sus labios succionaban con fuerza tratando de obtener el preciado líquido que estaba a punto de derramarse. Uno de sus dedos comenzó a hurgar por detrás mío, y se fue introduciendo provocándome un placer imposible de resistir. No pasó mucho tiempo para que mi cuerpo perdiera el control y sucumbiera ante la descarga eléctrica del orgasmo; sentí cuando reemplazó su boca con la mano mientras su pecho recibía la lava ardiente de mis entrañas.

Empezaba apenas a disiparse la bruma que me envolvió, cuando noté que se estaba colocando un condón. Aprovechando que aún estaba aturdido por la excitación, me tomó de forma repentina y comenzó a penetrarme. Mis paredes interiores abrazaron con ansia al invasor y en seguida nuestros cuerpos se movían frenéticamente; entonces descubrí que no había perdido mi erección ni un instante y aprisioné mi falo entre mis manos mientras conducía a Lorenzo por el camino a la tierra prometida. Con un grito que retumbó en las cuatro paredes alcanzamos juntos el punto de ebullición. Por segunda vez mi cuerpo se convulsionaba ante la entrega total mientras Lorenzo era atrapado por el éxtasis y la locura. Afuera, como si todos hubiesen estado esperando ese momento, una lluvia de fuegos pirotécnicos emancillaba la limpieza de la noche mientras la multitud proclamaba el Grito de Independencia, y nuestros corazones se unían a la celebración.

 

| INICIO | ARTICULOS | CHULO DEL MES | EVENTOS | HOROSCOPO | ACERCA DE NOSOTROS | CONTACTENOS | MEMBRECIAS |
| ENLACES | A DONDE IR | SUSCRIBETE A ADELANTE | CUARTO DE CHARLAS |TIENDA | ARTE Y MODA | FOTOS | DIVERSION |

| HOME | ARTICLES | HUNK OF THE MONTH | EVENTS | HOROSCOPE | ABOUT US | CONTACT US | MEMBERS |
| LINKS | WHERE TO GO | SUBSCRIBE TO ADELANTE | CHAT ROOM | MARKETPLACE | ART AND FASHION | PHOTOS | FUN STUFF |