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La historia de Luis y Galindo es una historia extraña pero no poco común como muchas personas quisieran creer, porque muy bien podría ser la historia de muchos pares de buenos amigos que vemos por las calles, los cuales quizá vivan algo muy parecido a la forma en que ellos mantienen su relación estrecha de camaradería. Se conocen desde al menos quince años atrás, ambos eran parte del equipo de basketball escolar, tenían varias clases juntos. Compartieron la etapa en su vida cuando se debe convertir el adolescente en un adulto joven, conocieron a las primeras chicas con quienes iniciaron su caminar por el maravilloso mundo del sexo. Uno estuvo al lado del otro cuando iniciaron sus experiencias en el uso –al principio casi inocente, luego no tanto- de las drogas.
Luis tiene 32 y un aspecto rudo, lleva su cabeza a rapa con una barba y bigote que lo hacen ver como el malo de las películas, tiene una hija de siete años a la que adora con una complicada mujer a la que sigue unido más por costumbre que por otra cosa. Galindo es el apellido de su amigo ya que nunca le ha gustado ser llamado por su nombre simplemente porque le parece horroroso, tiene 31 y tiene todo el aspecto de un chico de 24 con la imagen amigable de la cual inspira confianza al minuto de haberlo conocido. Ambos son bastante diferentes el uno del otro pero si se quisiera buscar alguna similitud entre ellos, se podría mencionar al menos tres: ambos son muy altos, de piel clara y extremadamente atractivos.
Galindo nunca se ha casado y haciendo una comparación con su compa Luisillo -como le gusta llamarlo- pues pareciera que le ha ido mejor, porque tiene su propio negocio de lavado de autos, le va bien, no se ha hecho millonario pero ha sabido administrarse, ya ha comprado su primera casa en un barrio muy bonito lleno de luz y niños; desde años atrás se retiró muy a tiempo de los vicios, no se toma ya ni siquiera un vaso de café. Procura mucho hacer deporte. Sin embargo, al terminar el día comienza a sentir una gran carga de soledad y amargura, no se siente feliz, odia ver la televisión, usa el internet solamente para manejar sus cuentas bancarias, así que su único pasatiempo es ver pornografía donde salen hombres teniendo sexo con otros hombres.
Luis vive con muchas carencias, quisiera darle otro nivel de vida a su querida Valeria, pero no encuentra un motor suficiente para salir de su vida de inestabilidad económica, prácticamente es Dulce quien sostiene la casa y los gastos que conlleva criar a una linda niña, y frustrada como se siente al observar que su vida no es lo que ella soñaba cuando era una adolescente descarga siempre su mal humor discutiendo hasta porque Luis no ha limpiado las marcas de sus cervezas en la mesa del centro de la sala estilo minimalista que compró hace un par de meses. Luis nunca cae en las provocaciones de los gritos e insultos de su mujer, prefiere encerrarse en el garaje fingiendo que le hace mejoras a su camioneta, siendo que en realidad lo que hace es meterse por la nariz varias líneas de coca.
Sin embargo, los sábados son para Luis y Galindo el escape glorioso de sus vidas grises de monotonía, frustración y sinsabor, porque están juntos como cuando más jóvenes, como cuando nada les preocupaba más que tener cervezas en el refrigerador y una buena dotación de condones en sus cajones, son tan felices uno con el otro, que al verlos cualquiera pudiera creer que son los seres más plenos sobre el mundo entero, en ese día no quieren saber más nada de lo que sucede en sus vidas durante la semana entera. Simplemente se dedican a disfrutar “el momento” como ellos dicen, el cual generalmente se inicia cuando Galindo comienza a desabrochar el pantalón de su compa Luisillo.
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