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La construcción
No eran ni las siete de la mañana cuando me despertó un ruido tan fuerte que hizo que el edificio se cimbrara. Me acerqué a la ventana y abrí las cortinas para ver de dónde provenía.
En la acera de enfrente había una excavadora y un grupo de hombres se aprestaba a comenzar los trabajos de construcción de un complejo de apartamentos que vendría a tomar el lugar de aquel edificio en ruinas que fue demolido hacía apenas unas semanas.
Preparé un café y salí al balcón a disfrutar esa mañana soleada. Me senté a contemplar el paisaje. El edificio estaba ubicado en una zona llena de vegetación muy cerca de la playa. Hasta donde me encontraba podía sentir la brisa del mar sobre mi rostro mientras el sol acariciaba mi piel invitando a la relajación.
Tomé un cuaderno y me dispuse a planear mi semana, cuando sentí que alguien me miraba. Me pareció raro, pues la ubicación del apartamento brindaba mucha privacidad, pero no contaba con que el equipo de construcción traería una grúa para sus obras, y la cabina de control de ésta quedaba justo a la altura de mi apartamento, y fue cuando recordé que me encontraba en calzoncillos.
Dentro de la cabina estaba un hombre que levantó una mano en señal de saludo cuando se percató de que lo había visto. Me limité a contestar el saludo y sonreí avergonzado tratando de actuar normal. Después de un tiempo me relajé y decidí quedarme como estaba; a fin de cuentas ese era mi espacio.
En más de una ocasión noté que me veía con insistencia; incluso vi que se acomodaba el frente de sus ajustados jeans; luego se levantaba la camisa para secar el sudor con su mano mientras se acariciaba el pecho.
Pude admirar en esos instantes lo bien formado de su pecho y abdomen, que estaban cubiertos con una alfombra de abundante vello.
Sus ojos de un azul profundo parecían mirarme con insistencia. Yo permanecía inmóvil mientras era objeto de su escrutinio.
Llegó entonces el momento de irme a trabajar, así que tuve que hacer uso de toda mi fuerza de voluntad para alejarme del balcón, con la esperanza de volver a verlo quizá al otro día. Me levanté de la silla y me fui hacia adentro, voltee para dirigirle una última mirada y alcé la mano para despedirme, mientras él hacía lo mismo desde la cabina.
Al otro día seguí la misma rutina, cuando salí al balcón él ya estaba en su puesto de trabajo y sonrió al verme.
Esto se repitió por días aumentando la tensión entre los dos. Se estaba volviendo una necesidad imperiosa salir cada mañana a disfrutar de su presencia aunque fuera a distancia, antes de comenzar mis labores del día.
De pronto una mañana salí y noté que la cabina estaba vacía; miré hacia abajo buscándolo entre los demás trabajadores pero no lo encontré. Tomé un libro y me acosté sobre la silla pero no pude concentrarme en la lectura, para colmo ese era mi día de descanso y no tenía ningún plan.
Esperé más de una hora pero no apareció; por lo que pude ver, ese día no estaban ocupando la grúa, la obra parecía concentrarse en la instalación de líneas de agua y gas; y el edificio estaba ya casi terminado. Eso significaba que pronto dejaría de verlo.
Desilusionado me metí a bañar y justo cuando cerré la llave del agua el timbre de la puerta sonó con insistencia.
Me apresuré a abrir y grande fue mi sorpresa cuando descubrí que se trataba nada más ni nada menos que del hombre de mis sueños. Quedé inmóvil por la sorpresa mientras mis ojos recorrían la magnificencia de su anatomía. De cerca era mucho más atractivo.
Llevaba puestos unos shorts elásticos con tirantes que le resaltaba cada músculo de su cuerpo. Su pecho lucía espectacular cubierto escasamente por la tela de los tirantes.
Los pezones obscuros emergían por un abundante nido de vellos que se perdían por debajo de la tela. Los músculos de su abdomen y de sus piernas rodeaban celosamente su área genital en donde se dibujaba un paquete de buenas proporciones.
No había necesidad de palabras, nuestras miradas lo decían todo. Abrí la puerta y lo invité a pasar, y en segundos me sentí rodeado por sus fuertes brazos.
Pegué mi cabeza a su pecho y escuché su corazón latir apresuradamente. Levanté el rostro y me perdí en la profundidad de su mirada. Sus labios entreabiertos se fueron acercando a los míos hasta que hicieron contacto y nos entregamos a la caricia del beso.
Una corriente eléctrica estremeció nuestros cuerpos mientras se desbordaba todo ese deseo contenido por mucho tiempo.
Mis manos se perdieron en su pecho velludo mientras sentí la presión que ejercía por entre mis piernas. Sus manos se posaron a cada lado de mi cintura deslizando hacia abajo la única prenda que cubría mi cuerpo.
Me besó apasionadamente. Caímos sobre la alfombra y siguió besándome de pies a cabeza, rozando ligeramente con sus labios la punta de mi columna fálica haciendo que se pusiera más dura.
Separó sus piernas y se colocó encima de mi pecho; sin perder tiempo hundí mi cabeza en sus genitales y comencé a lamer su miembro por encima de la tela. Aspiré con fuerza y me embriagué con su escencia de macho. Subí las manos y le fui bajando los tirantes del short, descubriendo cada pulgada de piel que se estremecía con la caricia.
Se levantó y le ayudé a quitarse la ropa. La perfección de su físico me tenía hipnotizado, pegué mi boca a su cuerpo y lo cubrí de besos. Coloqué mis manos en sus glúteos y lo jalé hacia mí para poder prodigarle esa caricia oral que su virilidad demandaba.
Me lo puse en la boca y lo acaricié con la lengua, arrancándole gemidos animales que brotaron de su garganta.
Lamí magistralmente cada milímetro de carne que pulsaba amenazante al contacto de mi lengua.
Al cabo de unos minutos me pidió que me levantara y me condujo hacia el balcón. Hice apenas una pausa para tomar unos condones y seguirlo hasta mi espacio favorito en donde lo había observado tantas veces.
Me tiró sobre la silla y se abalanzó sobre mi cuerpo. En segundos sentí cómo su boca se aferraba a mi erección y me prodigaba placer oral. Sus manos tomaron mis piernas mientras se iba colocando por en medio de estas. Me jaló hasta el borde de la silla, se colocó un condón y en segundos sentí la presión de su miembro por entre mis glúteos.
Con delicadeza se fue metiendo poco a poco para evitar cualquier resistencia de mi parte.
Un torrente de sangre hirviendo recorrió mi cuerpo cuando lo sentí empujar hasta adentro invadiendo mis entrañas.
Apoyado con mis piernas rodeando su cintura comenzó a meter y sacar aumentando la fuerza y la velocidad a cada empujón que daba.
Mis manos seguían aferradas a su pecho. Noté cómo se estremecía cuando le pellizcaba sus pezones. El a su vez tenía una mano en mi pecho y la otra acariciaba furiosamente mi instrumento viril que en segundos alcanzó su máximo grosor y en medio de contracciones de todo mi cuerpo comenzó a expeler su preciosa carga que brotó candente cubriendo su mano y su abdomen.
De mi boca surgieron gemidos profundos de placer. Mi cuerpo se retorcía por el orgasmo mientras los movimientos de él se fueron haciendo más intensos. Su corazón latía apresuradamente y en segundos sentí cómo él también alcanzaba el punto máximo de excitación. En medio de convulsiones violentas su cuerpo se estremeció ante la magnitud de la entrega; en su rostro se reflejaba la exquisitez de la experiencia.
Nos seguimos besando apasionadamente mientras nuestros corazones comenzaban a latir con normalidad. Después jaló la otra silla y se sentó junto a mí y tomando mi mano en la suya nos quedamos dormidos.
Aprovechamos el resto del día para seguir explorándonos mutuamente. Incluso se quedó a pasar la noche conmigo.
Al otro día se levantó temprano para irse a trabajar. Nos seguimos viendo mientras duró la obra, después por cuestiones de su trabajo nos alejamos pero cada que hay oportunidad nos volvemos a encontrar para disfrutar de nuestros placeres carnales.
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