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Artículos | Articles

Ensuenos

Tormenta de Verano

Las aguas del río se revolvían con furia a medida que la corriente iba en aumento. Había escuchado los avisos de posibles tormentas en el área pero me pareció casi imposible, pues apenas unos minutos atrás el sol brillaba en todo su esplendor y no se divisaba ni una nube a millas a la redonda.
Fue por ello que me aventuré a dar un paseo por el bosque sin imaginar siquiera la suerte que me esperaba. Sólo sentí un fuerte viento que comenzó a soplar e hizo que las ramas de los árboles silbaran al ser traspasadas por la ráfaga. En unos segundos el cielo se oscureció y comenzaron a caer gruesas gotas que me pegaron de lleno en el rostro.

En mi desesperación no me di cuenta que al ir huyendo de la tormenta me estaba adentrando hacia la espesura del bosque. A lo lejos divisé un puente de piedra y lo único que se me ocurrió fue guarecerme bajo su arco. Supuse que la tormenta pasaría de la misma forma tan repentina en que llegó; y así fue, había durado sólo unos minutos pero la corriente del río estaba creciendo en forma acelerada.
Aprovechando que la lluvia cesó salí de mi escondite, me subí a la barda superior del puente y lo crucé. El sol volvió a salir y aproveché su calor para secar mis ropas mientras contemplaba el arcoiris que se había formado.

No pudo dejar de asombrarme lo impredecible de la naturaleza; el olor a tierra mojada inundó mi olfato, en seguida como de la nada comenzaron a surgir cientos de ranas que saltaban entre los matorrales junto al lecho del río. Su piel verde esmeralda brillaba bajo los rayos del sol. En la copa de los árboles los pájaros anunciaban la puesta del sol con sus cantos alborotados.

Caminé unos minutos siguiendo el cauce del río hasta que llegué a un claro del bosque. Desde allí iba a poder ver la puesta del astro por detrás de las montañas. Era algo que no me podía perder. En unos minutos más noté cómo el sol se iba escondiendo hasta que sólo un punto brillante estalló en el horizonte. En segundos el cielo se vio inundado con tonos anaranjados, amarillos y rojos pintados sobre un lienzo de azul profundo.
Me encontraba extasiado disfrutando esas maravillas de la naturaleza que no pensé que faltaba poco para que la noche cayera haciendo peligroso el regreso.
Di un suspiro y me levanté. Sabía que el río me llevaría de regreso al punto de partida, así que comencé a caminar hasta llegar al puente en donde me protegí de la lluvia, pero la corriente había crecido a tal grado que lo cubrió por completo haciendo imposible que lo pudiera cruzar.

Tratando de mantener la calma pensé en las posibilidades para encontrar el camino pero no me sabía otra ruta. Podría esperar a que la corriente bajara pero la noche estaba cerca.
Justo cuando las posibilidades se estaban agotando escuché a mis espaldas el galopar de un caballo. Cuando di la vuelta me encontré de frente con un joven de estampa varonil que montaba sobre un caballo negro muy brilloso.
Parecía que la lluvia también lo había tomado por sorpresa pues llevaba sus ropas completamente empapadas. La camisa estaba adherida a su cuerpo mostrando un par de montículos de acero de su bien formado pecho. En su rostro juvenil resaltaban sus ojos verdes, su nariz fina y sus labios carnosos y rojos.
“Hey ¿Cómo estás?” Me dijo. “Por lo que veo necesitas encontrar tu ruta de regreso. Te he seguido por un tiempo y me di cuenta que vienes del otro lado del río. ¿Quieres que te ayude a cruzar? Conozco un área donde la corriente del río es menos profunda y se puede cruzar sin problema. Súbete; déjame llevarte”.

Tratando de ocultar mi inexperiencia en montar a caballo respiré profundo y me acerqué lo más que pude. Extendió su mano para ayudarme a subir; me aferré a ésta con fuerza y coloqué mi pie en su pie para impulsarme. Una vez arriba me abracé a su cuerpo en busca de soporte; mis ropas se volvieron a mojar cuando tocaron las suyas.
Por más esfuerzos que hice no pude evitar que el contacto de mi cuerpo restregándose al suyo, con el galopar del caballo, empezara a ponerme nervioso. Traté de ocupar mi mente en otra cosa para no pensar que en mi entrepierna mi miembro comenzaba a tomar vida.

Lo estrecho de la montadura hacía que su trasero quedara pegado a mis genitales y era prácticamente imposible que él no notara mi excitación.
Sin embargo me di cuenta que se inclinó hacia atrás pegando su espalda a mi pecho, a donde mi corazón latía apresuradamente. Después colocó su mano izquierda sobre mi pierna y la apretó levemente. Como respuesta lo abracé con más fuerza hasta que mis manos hicieron contacto con su musculoso abdomen.
Subí lentamente mis manos para acariciar su pecho mientras con un suspiro me pedía que le besara el cuello.

Comencé a besarlo con pasión desbordante mientras le desabotonaba la camisa para acariciar su torso. Sentí cómo su mano se fue abriendo paso entre nosotros hasta llegar al frente del pantalón; bajó el cierre y se introdujo hasta hacer contacto con mi columna fálica que había alcanzado su máximo de grosor.
La maestría de su caricia me estaba volviendo loco. Sin poder contenerme le desabroché el cinturón y le abrí el pantalón. A pesar de lo incómodo de nuestras posiciones logré bajar el elástico de sus bóxers buscando acceso a sus genitales.

Su miembro erecto surgió por entre la tela y cubrió mis dedos con el elixir seminal que emanaba de la punta. Con mis manos pude palpar la belleza de su miembro. De un grosor evidente; el largo como de 8 pulgadas, la cabeza cubierta por un prepucio que se extendía por lo menos una pulgada mas de su extensión.
Con delicadeza comencé a tirar de la piel jugueteándola con mis dedos mientras él se retorcía de placer. Mi mano izquierda se adentró por los confines de la tela hasta atrapar sus esferas testiculares envueltas en su saco de seda escrotal.

La temperatura de nuestros cuerpos estaba alcanzando su nivel máximo. Pronto sentí la necesidad de invadir sus entrañas para desbordar todo ese caudal de deseo que en mí había despertado. Sin embargo debíamos actuar con prudencia pues en esas circunstancias sería imposible poseerlo por no tener un condón disponible.
Cuando se lo comenté me pidió que tuviera calma, que pronto el sueño se haría realidad, y así fue; unos minutos después llegamos a una cabaña en medio del bosque; nos bajamos del caballo y me invitó a pasar.

Apenas pusimos un paso adentro nos despojamos de nuestras ropas y nos envolvimos en una serie de besos y abrazos que encendieron aún más nuestra pasión. Hizo apenas una pausa para traer los condones y en segundos lo tuve de rodillas frente a mí cubriendo mi miembro de látex.
Se enderezó, dio la vuelta y se inclinó sobre el sillón, ofreciéndome la vista espectacular de su trasero que esperaba ansioso el ataque.
Sin mas preámbulos coloqué mis manos a cada lado de su cintura y dejé que mi engrosada columna buscara el portal de las entrañas del paraíso.

Era tanto su deseo de ser poseído que encontré muy poca resistencia. Unas cuantas embestidas bastaron para encontrarme en el punto más profundo de su ser. Mi cuerpo fálico parecía derretirse al calor de sus entrañas. Mis manos buscaron ansiosas la entrepierna de mi receptor y comencé a jugar con su columna aumentando la velocidad con cada estocada que mi miembro propinaba.
Sólo bastaron unos minutos para que nuestros cuerpos se rindieran ante la magnitud de la entrega. Haciendo acopio de todas mis fuerzas empujé con violencia y mi mente se nubló con la pasión que envolvió a todo mi ser.

Mientras la copiosa carga brotaba de mi interior, sentí en mis manos un caudal de lava ardiente que evidenciaba el ataque orgásmico que a él también lo consumía.
Completamente bañados en sudor caímos sobre el sillón hasta poder recuperar fuerzas. Cuando la tormenta de nuestros cuerpos amainó por un momento me llevó hasta la recámara y me invitó a pasar el resto de la noche con él.

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