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Tarde de Cine
Es una tarde rara. No se siente frío pero tampoco dan ganas de quitarse el suéter de encima. Gregorio tiene la sensación de que le falta el aire, ya ha bajado un poco la temperatura del clima artificial, no es que tenga calor sino más bien que su oficina no tiene la correcta circulación del aire por lo cual se siente agotado, quisiera salir corriendo, esa semana de trabajo ha sido extremadamente pesada, ha tenido mucha presión por todos lados, solamente está por sacar unos últimos reportes para ya por fin descansar como Dios manda durante el fin de semana. Guarda en los cajones de su escritorio áquellos documentos que están pendiente por archivar. Da un último sorbo a su vaso de agua quitando así la sequedad que hay en su boca.
Horacio está aburrido en su casa, su mujer se ha ido a tomarse unos días a la casa de su madre, ella necesita de sus atenciones porque está convalesciente de una caída que le ha afectado la cadera izquierda. Parece que será una buena oportunidad para hacer todo solo, desde prepararse algo sencillo de comer en casa hasta tratar de poner un poco de orden y quitar el polvo que tan pronto comienza acumularse por todos lados. Se ha propuesto ver la trilogía completa de la película “El Señor de los Anillos”, pero la idea que antes en su mente le parecía fabulosa comienza aburrirlo antes de los primeros veinte minutos. Apaga mejor el DVD y se dispone a vestirse con ropa adecuada para fugarse al cine, es temprano, así que no habrá mucha gente que lo mire raro por ir solo a ver la última de Will Smith.
Arquea su espalda, estira los brazos hacia el techo, aspira fuertemente llenando sus pulmones de aire, comienza a mover su cuello para aliviar un poco el estrés acumulado, se siente ya un poco menos pesado, cuando en eso suena el teléfono pero decide no contestarlo, porque sin duda debe ser un cliente que de última hora necesite algo y atenderlo será perder como mínimo otra media hora más. Decide que sea el buzón de voz quien lo atienda. Se levanta de su silla de oficina revisando traer consigo las llaves y su cartera. Cuando se da cuenta que ha olvidado su celular, pero pronto lo encuentra cuando suena con una llamada, es su madre. Al terminar la conversación se siente bien con la idea de que le haya llamado para cancelar la comida en el restaurante de comida cubana. En estos momentos no tiene ganas de tener la charla con el tema trillado acerca de sus hermanas y sobrinos, quiere distraerse. Así que llegará directamente al cine para atiborrarse de palomitas y refrescos mientras mira el estreno de fin de semana. Cualquiera que haya en cartelera para él estará bien.
Horacio y Gregorio no se conocen pero por esas cosas raras del destino están sentados en la misma fila del cine aunque en extremos diferentes, a la vista de cualquiera son dos tipos que tienen cero intenciones de socializar, con la única idea en sus cabezas de pasar un rato de ocio disfrutando algo de lo que Hollywood hace tan bien. En ningún momento en las casi dos horas que ha durado el filme se han mirado, sino hasta el momento de que ha terminado, Horacio descubre la figura de un hombre alto y robusto en Gregorio, le ha provocado por un pequeño segundo un cosquilleo extraño en su estómago. Horacio se dirige al baño, y ya dentro se topan cara a cara. Cuando se están lavando las manos Horario le pregunta si le ha gustado la función, a lo que Gregorio responde cualquier cosa acerca de lo entretenido de la trama. Pero Horacio bien pronto le dice: “buen cuerpo el del Will Smith, ¿no?”.
Una cosa llevó a la otra, un deseo se hizo manifiesto entre ambos, ninguno de los dos tenía empacho de ocultar sus ganas, y cuando menos pensaron ya llevaban como una hora revolcándose a lo sabroso en una cama dura de un motel cercano al cine, en medio de besos y abrazos, había tanta confusión en las mentes, pero las caricias y susurros acallaban cualquier pensamiento. Eran lo que sus cuerpos dictaban, pura calentura dando rienda suelta a la pasión. Cuando terminaron, rápido se han vestido, ni siquiera han querido bañarse. No se hablaron más que lo necesario, ni siquiera se preguntaron el nombre, mucho menos los números de celular. Ambos habían disfrutado, pero no sabían a ciencia cierta cómo es que llegaron a “eso”, se despidieron tomando cada quien su camino para jamás volver a verse.
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